Posteado por: Jose Donosti | 23 octubre, 2008

Yo y mi calculadora; perdón mi calculadora y yo

Normalmente en las tiendas encontramos con que muchos dependientes tienen una calculadora. Suele ser grande de ese tipo en la que los números se ven a 3 metros –como si estuvieras chequeando tu vista en el oculista-. Este tipo de calculadoras se vendieron en sobre medida a partir del 1 de Enero de 2002 –fecha de entrada en vigor del euro como moneda de cambio en España y otros tantos países europeos-

De cualquier forma mi historia es más sencilla que todo esto, simplemente compré una calculadora científica –la archivendida CASIO fx-82 super- cuando tenía 16 años y cursaba 1º de Bachillerato.

Ésta parecía tener vida infinita; no sólo estuvo conmigo estos dos años hasta terminar mi escolarización, sino que luego completo conmigo la carrera de LADE, el MBA y el segundo ciclo de LITM. Y todavía tenía cuerda para rato. Tanto que me ha seguido hasta más de un año en la actual compañía en la que estoy, dando sus últimos coletazos hoy mismo.

“Que ya no se hacen aparatos como los de antes” lo sabe todo el mundo. Sino preguntad a vuestros mayores cada cuanto se estropeaba un electrodoméstico antes y compararlo con nuestros tiempos…

El caso es que tanto “cariño” tenía a esta calculadora que enseguida me he resuelto a cambiarla la pila. Pensaba que era de botón así que lo primero que he hecho ha sido ir a una joyería bien cerca de mi lugar de trabajo. Suerte errada justo el joyero o el hombre que trabaja en la joyería que no es lo mismo, cerraba su persiana.

Doy una vuelta a la manzana y veo muchos menús a 10 euros y cuando no a 10,50 euros. Me voy desanimado para el curro… pero al cruzar la calle veo que hay una ferretería en la misma calle. Media vuelta y a preguntar; me fijo en que su hora de cierre es las 14pm, hora en la que me encuentro entrando. Nadie en la tienda y muchos dependientes en “pole position” para salir a degustar su menú.

“Quiero cambiar la pila a esta calculadora” le espeto amablemente mientras saco la calculadora de mi bolsillo. “Muy bien, dime que tipo de pila usa y yo te doy la pila” yo no sabía que había distintas de botón… así que le propuse abrirla; pero como los tornillos estaban rociados de tipex prehistórico resecado y como esta gente quería irse a comer me dicen… “eso no son tornillos, no sé ni cómo abrirla; te sugiero que vaya a fotoprix…”

De camino del sitio recomendado me paso por una librería en la que me animan a continuar mi camino hasta esta otra tienda. Una vez llegado al sitio en cuestión recibo la misma respuesta ni idea tras intentar hacer palanca..

Mis compañeros tampoco adivinaban como abrirla… así que he buscado su manual en Internet y he visto que decían claramente… “quitar los tornillos” así que dicho y hecho… al final sí eran tornillos pero pintados de blanco. Los quité con el destornillador de precisión –muy práctico que me dieron en la óptica junto con el líquido limpia gafas- y descubrí que la batería consistía en dos robustas pilas de 1,5 voltios. Genial ese era el secreto de su longeva vida.

Moraleja: Que el árbol no te evite ver el bosque.

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Responses

  1. Es verdad, yo la tengo hace muchísimo tiempo (¿20 años?), y hace poco se acabaron las pilas, y con sorpresa y alegría vi que eran pilas normalitas, así que el “repuesto” es barato y con duración casi infinita; ¿que más se puede pedir?.


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