Posteado por: Jose Donosti | 1 julio, 2008

Las piscinas

Para una persona que siempre ha vivido en la costa y está acostumbrado a la presencia del mar y sus playas, una simple bañera o piscina en medio de la mundanal jungla de asfalto -Madrid- es poco.

Bueno, no es poco; es demasiado triste. Y lo peor no es esto sino la desazón con la que veo como todo el mundo parece ajeno a éste, mi sentimiento. Madrileños criados en tierra sin mar, y con las vacaciones como única escapatoria para verlo, han hecho de las piscinas su mayor divertimiento en el verano. Quiero decir que al no saber que hay cosas mejores, ellos lo disfrutan como si fuera oro. No les importa que haya una persona metida en cada baldosín de piscina; ni que la temperatura cálida -por no decir caldeante- del agua invite a pensar que todo el mundo está miccionando dentro (pero, ¿No habían arreglado esto con el líquido que decolora el agua cuando a alguien se le ocurre dar rienda suelta al rio Orinoco como en la película de Torrente? También da igual que no haya en muchas de ellas jardín alguno (Dios mío hay moquetas como el tapiz de una mesa de billar que imitan hierba y la gente las asimila como “hierbita” donde tumbarse a gusto).

Pero no, el oso y el madroño, el madrileño y el que sin serlo vive aquí no tiene otra alternativa. En la ciudad donde todo se llena, no hay otra posibilidad. Una hora y media de cola para entrar los sábados, el cartel de aforo completo colgado de la taquilla y tú preguntándote qué haces viviendo en esta urbe. (¡¡¡Pero si hace una semana estaba en una playa de Tenerife de arena negra con la montaña al lado y donde la natura rebosaba por doquier!!!)

Decidido a no volver a tal esperpento de piscifactoría hoy conversando con compañeros de trabajo se me iluminó la cara. Como todo en esta vida, en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Existen recovecos, lugares geniales que la gente desconoce o no pobla como otros. Existen lugares donde una calle de piscina se reserva para los que queremos nadar y no solo estar tomando el sol como pasmarotes. Dónde en vez de viejas en top less que se ponen de pie delante de ti mientras se arrancan los pelos de los pezones, mujeres preciosas de cuerpito y palmito esplendido lo pasean sonriendo.

Joder, el jueves me saco ese carnet joven (hasta que cumpla los 25 tengo derecho a) y de inmediato a comprobar el terreno de juego. ¡Podemos! 😀

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: