Posteado por: Jose Donosti | 10 febrero, 2008

Maceiras, a restaurant not to be missed

Anoche fuimos al restaurante Maceiras en Huertas 66 (Madrid).

Había leido en diversos blogs varias opiniones que me aconsejaban ir con antelación si no me quería ver en la cola esperando largo tiempo. Fuimos sobre las 20.40h, y en efecto tuvimos nuestra media hora para entrar. Al principio (23 seg.) hicimos cola, pero luego enseguida entramos a preguntar, y la camarera estaba con una lista apuntando nombre y cuántos comensales.

Era muy graciosa la respuesta de la camarera ante la misma pregunta que recibió 1.500 veces a lo largo de la noche: “¿cuánto tendremos que esperar?” “No mucho” responde, a la vez que pone cara de total sinceridad, mientras con su cabeza niega para transmitir sinceridad y despreocupar a la persona”. Jeje

Otro aspecto, que conviene tener en cuenta es que debido a la muchedumbre de gente que acude a este gallego, la camarera encargada de hacer pasar a los comensales puede preguntar en más de una ocasión si te importa compartir mesa con otra gente. Así vimos en una mesa de 12 personas a 3 grupos de gente que no se conocían de nada. Puede resultar algo molesto, para algunos… pero realmente compensa hacerlo, es algo diferente y realmente aun compartiendo espacio con desconocidos, cada uno guarda su privacidad. Y lo digo aun sin tener que haber compartido mesa ayer.

Ésta experiencia la tuvimos en Roma, un restaurante del mismo estilo -cocina típica (italiana en ese caso) y de calidad- y la verdad que fue divertido. Una mesa de 6 ocupada por 3 parejas […] ¡parecíamos de un concurso de TV estilo Busco pareja!

Centrándonos en el Maceiras, que por cierto tiene otro restaurante -el primero que abrieron- en la calle Jesús 7 muy cerca del que fuimos, su comida fue fantástica. Pedimos 4 raciones: pulpo, mejillones, croquetas, empanada y de postre hubo tarta de agua ardiente (a mi ésta no me gustó, porque estaba demasiada ahogada en alcohol para mi gusto. En cambio mi chica la valoró con un 10[…]).

La ambientación del local está muy conseguida: Los menús no son de papel plastificados, ni tampoco elegantes álbumes, son paletas de madera (como si fuera la de un pintor) en las que aparecen los diferentes platos escritos con colores y a mano. De fondo, encuentras una música gallega que permite mantener la conversación sin problemas y el servicio es MUY CORRECTO. Lo pongo en mayúsculas porque una y otra vez había leído barbaridades acerca de ello. Supongo que habrá que hacer caso a la frase de: “De lo que no ves, créete la mitad”

Por último, el precio muy económico 31 € incluyendo jarra de 1,5l de cerveza. Eso sí como no todo podría salir como un cuento de hadas, tuvimos la mala pata de sentarnos en la mesa justo al lado de la puerta […] con la más pura sensación de estar en pleno puerto donde se recibe el genero para el restaurante: ¡Qué frío al principio! porque al final tocó ponerse el abrigo 🙂

 

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