A algunos les encanta el Jack Daniels como whisky. Otros prefieren otras marcas. El otro día fui a ver el partido de mi equipo a un bar -sin humo- y escuchaba a dos chicas, una en la barra y otra en la mesa.
Chica 1: “No tienen legendario“.
Chica 2: “¿y Cacique?”
Chica 1: “Sí”
Chica 2: pues ese.
No sé bien en qué se basaba para querer uno u otro. igual es como los viejos redomados de sabios que saben distinguir entre uno y otro 100 de 100 veces. Pero yo creo que el hecho de elegir una marca u otra se basaba más en el último anuncio de TV recordado que otra cosa [...]
Comenzaba mi artículo con el Daniels porque es así como referí esta semana al perro “Jack Russel” que intentó moler a nuestro bichón maltés. Básicamente nuestro “Peanut” es un Gigolo, le gusta ir a la plazita y chupar “chochitos” el va, huele, micciona, hace un par de loops, y enseguida guiña el ojo a la hembra de turno. No importa que sea grande como un rascacielos o canija como una hormiga. Ahi está el peanut dale que te dale con el código de barras. Claro este comportamiento molesta a los otros machos cuya hombría queda en entredicho. Creo que se miran entre ellos diciendo eso de: “que cabrón este”. Y eso debió suceder el otro día porque el Russel saltó al cuello del Peanut. No pasó nada pero yo creo que porque cogí al susodicho y le lancé unos metros a rienda suelta bajo pena de mordisco y recuerdo de la vacuna de tetano siguiente.